Sara Quintero (Madrid, 1971), ocupa un espacio bastante singular dentro del panorama artístico de su generación, en parte por la mesura con que dosifica sus comparecencias públicas y por el ritmo tan lento de producción; en parte también a causa de su propia reserva; pero sobre todo por esa mezcla tan suya a la hora de utilizar imágenes, técnicas y maneras del pasado, poniéndolas al servicio de asuntos políticos y sociales de actualidad, abordados con hondo contenido crítico. Esto último es algo que convierte a sus obras en algo a la vez bello pero desconcertante para el espectador, una vez que éste avanza más allá de la forma y las apariencias, para descubrir que lo que se le exige es un posicionamiento, una respuesta ética y no sólo estética o emocional, debiendo tomar partido frente a ellas y no solo demostrar su cultura reconociendo las citas y los modos a los que ella recurre.

En efecto, la artista conjuga el dominio de los procesos clásicos con su conocimiento de la antigüedad y el gusto por el arte de otros tiempos, sirviéndose de estos tres factores como herramientas inesperadas para actualizar un discurso en torno a temas candentes de nuestro presente: la inmigración, las crisis fronterizas y el drama de los desplazados, las nuevas formas de pobreza, el papel histórico de la mujer frente a las relaciones de poder, el desmantelamiento de la idea de Europa, la guerra, la inseguridad de los derechos civiles y sociales… Lo que en principio parecería un giro del arte contemporáneo sobre sí mismo, una postura si no complaciente sí al menos indulgente y ensimismada en su propia narración, deviene de súbito como exigencia moral cuando se desvela el substrato que late tras esas imágenes all’antica que nos interpelan con aspereza sobre nuestra condición hoy.

En última instancia, en los trabajos de Sara Quintero el arte conceptual citacionista se amalgama maliciosamente con las posturas de un anacronismo irónico, mientras que los archivos históricos y los repositorios documentales de todo tipo se prestan a ser combinados e intervenidos, rectificados astuta y un tanto perversamente. El objetivo diríase obligar a los originales a poner de manifiesto cuanto reprimen y ocultan, simulando lo que no son, disimulando lo que son en realidad. Revelar la voz del poder enmascarado bajo las formas del relato, la belleza, la didáctica o la información. En este sentido, la actividad de Sara Quintero en torno a los niveles semánticos de la imagen deviene reveladora, fehacientemente desenmascaradora; a todas luces política y con plena consciencia de ello.

Para sus propósitos el repertorio de referentes empleado abarca un arco variadísimo y heterogéneo, pues las citas, fragmentos, detalles y alusiones pueden provenir desde el mundo del Quatrocento y los primitivos italianos, al Manierismo o el Barroco, pasando por la Metafísica italiana, la Nueva Objetividad alemana, o los frescos de Pompeya y Herculano… El mundo del grabado antiguo, la mitología grecolatina y la iconografía pagana clásica, junto con el santoral católico, distintos modelos cartográficos y cartas de navegación, así como la retórica ornamental de todo tipo (filacterias, enmarcados, grutescos, cenefas, orlas, arabescos, etcétera), completan ese museo imaginario tan
particular de la artista. En él se atraviesa, mediante continuas diagonales, la densidad de la Historia del Arte –la occidental, preferentemente-, para desembocar en el plasma de imágenes que a día de hoy nos ofrece la información y la documentación en tiempo real sobre cada punto del planeta desde los medios digitales e Internet.

El dibujo de Sara Quintero, que en su producción ocupa una importancia creciente durante los últimos años, se mueve, pues, entre imágenes e iconografías antiguas, recuperadas, escogidas del vastísimo arsenal de la Historia del Arte, que posteriormente son sometidas a un proceso donde ella selecciona, limpia, encuadra, recorta, despieza y mezcla las escenas escogidas, para al final completarlas con su propia aportación gráfica. En efecto, los originales son escaneados, tratados digitalmente desde la pantalla del ordenador e impresos bajo una forma inédita después de usar diversos filtros y tratamientos. Obtenidas ya sobre el papel determinadas características físicas concretas que a la artista le interesan de cada imagen manipulada, como su tamaño, color y tono, grano, densidad de las sombras, textura visual, etcétera, llega la última etapa donde el dibujo tradicional vuelve a intervenir y rematar la obra, cerrándose el ciclo con la nueva composición y nuevos trazos.

Este complejo modelo de intervención por estratos diacrónicos superpuestos, al modo de un palimpsesto, deja entrever tanto como opaca, pues lo analógico y lo digital, lo mismo que el “texto” visual original y su modificación, a la postre se vuelven casi indistinguibles. Sara Quintero también emplea ocasionalmente en su trabajo la imagen en movimiento, partiendo de dibujos propios o ajenos que rompen su naturaleza estática con técnicas de animación, sencillas y artesanales, fotograma a fotograma, preferentemente. En otras ocasiones, incluso la hemos visto perforar los papeles sobre cajas de luz, de tal manera que la impresión se completa, retroiluminada, por un tenue punteado casi invisible; mientras, en otras ha recurrido a la maqueta y los recortables, como modelos a escala de la realidad que parafrasea, aunque irónicamente distanciados de ella por medio de semejante recurso retórico. En todo caso, sea cual sea la fórmula empleada en su dibujo, éste se organiza como un texto culto y documentado, de aspecto equívoco entre lo añejo y lo contemporáneo, donde se maneja lúcida, crítica y muy conscientemente lo que puede decir el arte sobre hondas cuestiones políticas con las herramientas específicas del arte.

Habituada a tomar como punto de partida para su programa imágenes de terceros, la artista ha articulado en este proyecto una suerte de reportaje visual sobre la tragedia de los migrantes que se vive actualmente en las costas del Mediterráneo, donde los aspectos documentales y el lenguaje periodístico se amalgaman con la visión épica e idealizada que la tradición ofrecía sobre la muerte y el naufragio. Para ello ha tomado como referencia de fondo ciertas categorías estéticas que, como lo sublime y lo trágico, sirvieron de forma recurrente al arte decimonónico para construir la visión romántica de estos temas. En paralelo, Quintero se apropia de imágenes y escenas donde otros trasuntos contemporáneos, lamentablemente cotidianos y casi invisibles ya, como la recogida de cadáveres en nuestras costas o el tratamiento de la información de las crisis humanitarias por parte de los medios de comunicación, actualizan en nuestros días dramas semejantes. Donde antaño se hablaba de dioses y héroes, de grandes empresas épicas, tenemos hoy desplazados anónimos, personas “ilegales” huyendo del horror, la miseria y la guerra, que reclaman asilo en nuestras fronteras. Sara Quintero nos presenta el documento y la información más cruda bajo la forma del mito, la leyenda o la gesta, obligándonos a reflexionar sobre nuestra capacidad colectiva para encararnos a un destino supuestamente inexorable, así como del poder de los registros gráficos (a pesar de su dudosa naturaleza) a la hora de construir el relato de la historia, sus modelos canónicos.

Para organizar estos propósitos, el archivo documental del propio periódico ABC, tanto el
histórico -del que se han seleccionado un grupo importante de obras finalmente invitadas al montaje- como el actual, le han proporcionado abundante material a la artista. No son sólo las ilustraciones atesoradas en los depósitos del Museo de las que se ha servido Sara Quintero en esta ocasión, sino que en las páginas “vivas”, publicadas (impresas o digitales) a lo largo de los años en que trabajaba sobre el tema, ha ido encontrando fotografías, titulares, artículos o pies de foto que terminaron incorporándose a sus piezas de un modo u otro, a veces literalmente. De los fondos artísticos del Museo ABC ha escogido un nutrido conjunto de dibujos e ilustraciones que incluyen desde varias orlas decorativas modernistas hasta ejemplos de cartelería de la Guerra Civil, pasando por imágenes pintorescas o viejos croquis, escenas y mapas bélicos. Quizá lo más sorprendente sea ver cómo todo ello, entre sus manos, da pie a un diálogo inesperado sobre asuntos por completo ajenos a su intención original, pero que nos afectan muy directamente. Leer en una filacteria ornamental que flota sobre una añeja vista costera, donde uno se esperaría encontrar la descripción del plácido paisaje marino, cómo ascienden ya a más de sesenta mil los inmigrantes muertos que se acumulan en las playas de Europa en los últimos años, supone poner a funcionar la poderosa maquinaria de la retórica visual clásica en una dirección por completo inesperada. De estos sutiles ejemplos está plagado el recorrido de nuestra exposición.

Óscar Alonso Molina

https://museo.abc.es/exposiciones/2025/09/sara-quintero-en-los-margenes/1417732

Fotos de las obras Mauro Vallejo