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AMÁBAMOS A EUROPA

Amábamos a Europa. Y ahora parece que todo ha cambiado. La crisis de Grecia, que es la de todos los países del sur, deja ver el naufragio del Gran Continente ante el dominio de la Europa de los mercados especuladores. No es necesario un enemigo exterior que amenace nuestra cultura, el enemigo está dentro, sepultando todo nuestro patrimonio simbólico. Habitamos en una sociedad que se liquida sin reparos a sí misma.

Recordaba Pascal Quignard en El Sexo y el Espanto, la definición de suavitas (la dulzura) de la filosofía epicúrea: “Suave es contemplar desde la orilla el naufragio del otro. Suave es contemplar desde lo alto del bosquecillo a los guerreros que se matan entre sí en la llanura. Suave es hundir el mundo en la muerte y contemplar la vida sustrayéndose a todos los vínculos y a todos los temores”. La suavitas es el instante de la muerte, pero es el instante de muerte en que uno participa aunque no muera, resumía Quignard. La pobreza en la que estamos sumergiendo a las clases medias, y los cementerios en los que estamos convirtiendo el Mediterráneo y el resto de fronteras externalizadas, no responden ya a esa mirada pasiva, anestesiada del siglo XX, sino que parecen incorporar esa antigua idea de suavidad, una mirada bajo la crueldad y la fascinación que no deja espacio para el espanto.

Sara Quintero, agosto 2015.
 
 

CALOR Y COLOR GRIEGOS EN UNA LIBRA DE CARNE

Las estatuas griegas se le descomponían a Winckelmann entre las manos, desmoronándose, deformándose en cada intento porque encarnaran aquel ideal de noble sencillez y serena grandeza con que aspiraba a coronarlas en falso. La transparencia nívea de los cuerpos de mármol que le obsesionaban hasta el delirio no era resultado, pesa a sus pretensiones, de ninguna trasposición del sutil aire griego, sino, en verdad, un auténtico y sangriento despellejamiento: la piel, arrancada por completo, cumplía la maldición de El Mercader de Venecia: ni una sola gota de sangre escurriendo por los muslos, los antebrazos, las mejillas, y tiñendo el suelo heleno. Así, a aquella carne entre explícita e indolente -viva y muerta, celestial y mortal-, se le obligaba a confesar cuanto reprimía… Tampoco las cuencas vacías de los ojos expresarían todo el horror de ver el cuerpo propio desmembrado, fuera de sí, o dominado por los otros. La pintura tendría que haber salido en auxilio de esa materia inerte que había dejado de expresar la violencia y el patetismo de la cultura griega antigua, su auténtica desesperación. Pero, qué sarcasmo (sarcasmós es por cierto la piel que se quita al enemigo después de matarlo), ella tenía sus propios problemas, empeñada como estaba en reflejar el horror por sí misma y con sus propios medios. Todo ojos y vacío, las representaciones de sus escenas nos dejan al borde de la parálisis de Gorgona, aunque Winckelmann no quiso saber nada de eso, recurriendo machaconamente a cierta versión impecable pero desvirtuada, apolínea pero frígida, que cobijara a todos esos adolescentes divinizados, sin vello ni rubor ni sexo. “Cuanto mayor es la redondez del perímetro de la superficie de la figura, tanto mayor es su arte”, alcanzaría a decir, justo antes de deducir de ello que los relieves, que carecen de perspectiva, literalmente, tienen ahí su talón de Aquiles para una general aceptación. Yo creo que los dibujos de Sara Quintero en esta exposición, con su aire de paráfrasis de la escultura clásica, su visión aplanada y cercana a la sanguina o el carboncillo académicos, tan salpimentados, vienen por fin a dar una suerte de segunda oportunidad a todos esos “astros fríos” que Winckelmann adoró hasta la idolatría para que se calienten ahora siquiera un poquito. ¡Cuánto me alegro por ellos!

Óscar Alonso Molina
Sifnos, Grecia, 20 de julio de 2015
 
 

PARA SUS CANTOS

Tenía preparado un texto sobre la exposición de Sara enfocado más que a su pintura a los mecanismos de su pintura, que humildemente creo que me habría abierto las puertas a la crítica de arte, cuando releyendo La Odisea, di con unos versos en el canto VIII que con mucha economía verbal y precisión, transmitían lo que yo pretendía y no conseguí en cinco folios.

“Estas desdichas y las calamidades y trabajos que sufrieron les fueron deparados por los Dioses a fin de que los poetas venideros encuentren en ellos motivo de inspiración para sus cantos.”

Sara no es una artista de masas, es y pinta para los happy fews, pero es una gran pintora porque 5 o 6 amigos suyos sabemos que lo es.

Curro Ulzurrun. Sifnos 2015